#QuéTeCuento

Life is a good teacher and a good friend.

Pema Chödrön

Querido Blog:

He pasado por muchas cosas y he sobrevivido a muchos meses. ¿Por donde empiezo?

He tenido un accidente de carro –leve, pero fastidioso– justo un mes antes de saldar la cuenta. Por suerte, siempre hay seres de luz en mi rumbo que me facilitan el tránsito por la incertidumbre de los seguros, los hojalateros y la madre de los tomates. En ese momento (con una cirugía oral bastante complicada y dolorosa en proceso), pude reparar el tema y salir favorecido. Tantán, fin de la historia.

He perdido compañeros de trabajo y, con ello, he ganado mucha paz en mi mundo. Aunque aborrezco la frase las cosas siempre pasan por algo, debo admitir que, en este momento sí es cierto. Otra vez sentí la presencia de gente maravillosa que, aunque debería dedicarse profesionalmente al bullying, igualmente son extraordinarios ejemplos de solidaridad y amor incondicional, incluso cuando más feo me siento. Bravo por mí.

He agarrado el gusto a comer mejor, a dormir más o menos bien, a tratar (lean bien, tratar) de ejercitarme un poco más y a disfrutarme las horas de ocio con mayor conciencia de que necesito el tiempo para disfrutarme. Para sentirme. Para permitirme. Para acompañarme. No se le puede soltar todo al azar para que, por favor, se dé gusto y gana jodiéndome. Ay no, ese tema me aburre ya. Adiós y clic.

He viajado a lugares que no pensaba llegar y me siento agradecido por la experiencia de vivir para contarlo. He escrito poco –demasiado poco– pero he guardado  un cofre con todos los recuerdos, las fotos, los olores… Cada suspiro de todas las caminatas, cada lagrimilla apendejada de emoción infinita, cada segundo de tantas oportunidades recibidas han sido almacenados en la memoria imborrable. Eso eso así, Desirée.

He sido feliz conmigo, no por gusto sino por elección. Las últimas experiencias en el departamento de las salidas amorosas me llevan a la infeliz conclusión de que tiene que haber algo que le echan al agua potable que recrudece significativamente la locura colectiva. Y lo digo yo, que experiencia tengo en esas lides como para tirar pa’l techo. Por ahora –aunque no por siempre– ando de novio con Mismo. Súper bieeeen.

He abrazado a gente buena porque sí, porque así quiero. He dicho “te amo”, “gracias”, “con permiso”, “perdóname” y “lo siento” porque me ha nacido del corazón. He gastado dinero en verme bonito, oler sabroso, comer divino y sentirme sano. He agarrado la costumbre de sonreírme frente al espejo cada mañana y antes de salir de la casa para agradecerme. He vivido. He avanzado. He querido y he podido. Wepa, wepa, wepa.

He seguido. Mientras el cuerpo aguante, como el elefante, voy pa’lante. No puedo garantizar que lo sepa todo, porque me falta. Tampoco quiero escribir nada sobre piedra, porque la vida siempre es ahora. Así que por ahi me voy, silbando el himno nacional, repitiéndome esta consigna una y otra vez, hasta aprendérmela como el gongyo y el daimoku que atesoro: Vámonos que es tarde y el último que salga que apague la luz.

Foto: Instagram

He dicho “carajo”. Y he dicho, ¡carajo!

1 Comment

  1. ¡Ay bendito Jorge, si te cuento! Breve resúmen: Mes y medio sin carro, la pieza no aparecía. lavadora rota, pluma de la cocina rota, con tanta lluvia el techo del comedor empezó a gotear de nuevo. Inodoro tapado y el agua del inodoro saliendo por el roto de la ducha, mierda literalmente. Por lo menos estamos vivos. Y no nos quitamos. Un abrazote bien apretao y carajo vamos a vernos coño.

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