#Piernas

No pasaron ni dos minutos después que había colgado la foto en Féisbu cuando recibí un texto inesperado.

“¡¡¡Mira!!! ¿Qué embeleco es ese de machos poniéndose faldas y subir fotos en Facebook? Esos son monerías de gente que no entiende que las cosas tienen que ser como Dios manda y no como la gente quiere”.

Tuve que leerlo como treinta veces y respirar hondo otras doscientas para procesarlo.

¿Manolo? ¿Mi amigo Manolo?

Lo dejé ahí, porque he aprendido –a las malas, lo admito– que uno no debe responder cuando se siente abacorado por la emoción. En su exitoso libro El mundo amarillo, el guionista y escritor español Albert Espinosa recomienda que debemos esperar al menos media hora antes de contestar alguna de esas reclamaciones que nos sacan por el techo en menos de lo que se cuenta el “tres, dos, uno”. Dice en su recuento sobre su experiencia con el cáncer que le llevó una pierna que “las energías que aparecen a los treinta minutos son las que solucionan el problema” (43).

Esta mañana intenté llamarlo y no me respondió. Ni a la primera, ni a la segunda ni a la séptima llamada. Como lo conozco –o, al menos, eso creía– lo dejé quieto un buen rato y decidí que, en la tarde, me comunicaría con él para saber qué carajo se le había atravesado entre ceja y ceja con ese mensaje tan extraño. Ya sabía él que Mirel me había tagueado en su propuesta sobre el #FaldaDay y me parece que hasta le había conferido un “me gusta” (de esos que, a mi juicio, a veces se ofrecen en automático: en el mundo del social media uno nunca sabe). Me embollé en mis asuntos mañaneros que incluyeron, entre otros percances, una goma vacía… Qué bello es todo.

Eso creía yo: ya en la tarde, jarto de la espera en el taller de mecánica, de las vueltas a los siete supermercados y otros asuntos que, inevitablemente, me toca atender en mi rutina del sábado, volví a llamar al Manolo. Me contestó con la última muela.

Dime.

-Dime tú, cabrón, que te estoy llamando desde esta mañana–

Estaba ocupado.

– …

– Es que, como anoche me escribiste ese mensaje tan extraño por Juassap–

¿Extraño por qué? Si es la verdad. No sé por qué te pusiste con esas charrerías–

-‘Pérate ‘pérate, pérate un momento, Manuel. Tú sabes que esto trata de llevar un mensaje sobre la equidad y la solidaridad y–

Ay chico, de verdad. Este año decidí que no me metería más en esos rollos de activismos y vainas. Cero marchas, cero firmas, cero cero total. Eso no me deja na-da…

No recuerdo el resto de la conversación. Apenas balbuceé una despedida y me quedé ahí, celular en mano, repasando complicidades, buenos momentos y otros no tanto que compartí con esta persona que ahora se me pintaba con la frialdad del absoluto desconocimiento. Solté el teléfono y me fui al gohonzon: solo se me ocurrió entonar daimoku para encontarle una respuesta a este reguero repentino que se había desatado, con la fuerza de un huracán categoría veinte, en el clóset de mis vivencias.

Esta mañana, mi esssspossssa compartió estas palabras de nuestro mentor, Daisaku Ikeda:

Espero que siempre declaren con valentía la verdad, diciendo lo que hay que decir, sea quien fuere a quienes se estén dirigiendo. Cuando se trata de defender una causa justa, jamás deben mostrar cobardía, jamás deben recurrir a la adulación, jamás deben tratar de congraciarse con nadie.

Puej, Manolo: no sé si me llamarás de nuevo, como cuando te atacaban aquellos traumas tan absurdos.  No entiendo qué carajo se te atravesó por la mente para convertirte en una persona que desconozco por completo. Te bendigo, Mano, y te agradezco que me hayas mostrado la otra cara detrás del “yo no fui” que se atraviesa entre tus ojos grandes y tu sonrisa abierta.

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Foto: Kit Carson

Solo quiero decirte que, aunque no entiendas mi gesto para apoyar la equidad, la justicia y la solidaridad que todos merecemos, sin importar qué coño nos pongamos para salir a la calle, estoy orgulloso de lo que hice.

Aparte de la hazaña, tengo la sospecha de que puedo comenzar un club de fanes y fanas, que se han desbordado en elogios–

Un momento.

Pensándolo bien, papito querido, ¿será que te encabronaste porque, con este asunto de la falda, te enfrentaste a tu patiflaca humanidad mientras yo, en cualquier día (incluso los feriados), puedo dar piernas?

Ay mira, bye.

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