#Azúcar

 

Ya es propio hablar de #SanValentìn como un asunto del pasado –bueno, al menos hasta el año que viene. Evitaré la cantaleta de que cada año comienza más temprano este jolgorio amoroso ni mucho menos insinuaré que, pa’ lo que falta, los Reyes Magos traerán en sus cofres chocolates recubiertos de nueces, corazones de fresa y osos de peluche… en pleno agosto.

Desde hace unos días la calva se me enciende con una preguntita jodona: ¿a qué viene la necesidad de cubrir cada uno de nuestros festejos folclóricos con capas y capas interminables de dulce?

Me remito a la prueba. En una reciente reunión a la que asistí, se anunció con bombos y platillos el inicio de una serie de clínicas sobre salud y prevención en mi área de trabajo. Me escurrí por la puerta de atrás, agobiado por el frío polar del salón de conferencias –otra mala costumbre boricua, pero ese es otro tema. Justo a dos segundos de completar mi burda imitación de Houdini, la amable asistenta intercepta mi salida del congelador administrativo para obsequiarme una galleta de San Valentín, como un dulce detalle de la oficina de Recursos Humanos. Jmm.

Galleta en mano, llego hasta la oficina y, en mi buzón, encuentro depositado un extraño dulce ensartado en un palito, cubierto con un sirope chocolatoso, algunas nuececillas y envuelto en papel celofán atado con un lacito rosado. Ahí se queda, porque no puedo descifrarlo. Entonces, decido almorzar algo mucho más sensato que el par de dulces que se me cruzaron en el camino. Al llegar a la cafetería, la oferta del menú me deja patitieso: “pareja de lomos de cerdo en dulce salsa de tamarindo” y “albóndigas en salsa de corazón almibarado” y otras tantas “delicias enamoradas”.

Azúcaaaaaaaa, diría mi hermosa e inolvidable Celia. Y con toda la razón.

La incongruencia no me sorprende pero igual me desconcierta. Por un lado, los planes médicos nos acechan con sus campañas anti-diabéticas mientras tooooooooodo el otro lado se desborda en azucaradas demostraciones de “afecto” para cada ocasión. No solo ocurre en el San Valentín sino en la ristra de eventos que se planifican, organizan y celebran cada día en el seno de muchos hogares boricuas. Dígame que no hay quinceañero, boda, baby shower o reunión de clase graduada en la que no se plantee, como primer asunto, quién carajo se encarga del postre.

“Ay, fui a (la boda/el entierro/la misa/el divorcio/la cesárea) de Fulaneta y Perencejo. La comida estaba regular… pero el bizcochooooooo…”

La pausa dramática anticipa la suprema gloria o el estrepitoso fracaso del meloso final: que si tenía mucho fróstin, que si sabía mucho a almendra, que si nada más dieron un cantito y me quedé con las ganas, que si estaba riquísimo, que si le pedí el teléfono para encargarle uno para la oficina… Entonces, viene la otra parte: tooooodo el mundo vive en una eterna dieta para controlar la ingesta de azúcar pero se jartan el canto ‘e flan de queso y caramelo como si el mundo se acabara en los próximos tres bocados.

“Ay Dios mío, he comido tanto…  El médico me dijo que me tengo que cuidar. Tú sabes, como mi mamá y mi abuela están podrías de diabetes…”

Mere, comai. Oiga, compai. Dejen el chóu. Este país padece irremediablemente de diabetes folcloricus emocionalis tipo O negativo y todos lo sabemos. ¿Que cómo es eso?

“Ooooo, pero y este cantito no se puede quedar. Pa’ que se pierda, que me haga daño”.

Y allá van la señora melindrosa o el colega recalcitrante, ambos meciéndose en el umbral del Metformin, haciéndose cruces frente a la posibilidad de inyectarse insulina, invocando el espíritu del plan médico en plan de repasar la lista de derrames, infartos y amputaciones de su madre Estela y toda la parentela mientras cada uno se jampea el último pedazo ‘e dona de chocolate (y Nutella) que los compañeros trajeron para celebrar el amor y la amistad. Sea la madre.

Pensaba que este embeleco dulcero terminaba hoy día quince. Estoy bieeeen equivocao.

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Foto: Facebook

 

 

3 Comments

  1. Como siempre…dando en el clavo….luego de la pascua florida, llegarán las madres, los padres…….y así sucesivamente….de un bronquio llegas a la típica fiesta puertorriqueña del Día de las Brujas!!! y de ahí al arroz con dulce…el tembleque…el coquito…..y demás…no es ná

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