#NotToday

(Un timbre insistente con la música de entrada de “Sex and the City” suena. Para variar, PEPE –o sea, Yours Truly– viene cargando con cuchucientas bolsas de compra del supermercado. Pepe tira las bolsas sobre el mostrador de la cocina y contesta, antes de que estalle la bomba nuclear.)

–Jelóu.

(Al otro lado del teléfono, MANOLO ataca, en tono reprochante.)

–Tres horas pa’ coger ese teléfono. Menos mal que no me estaba muriendo.

–Aguanta la yola, Manola. Estoy llegando a casa con una jodía compra al hombro. Me la he pasao to’ el fin de semana ejpetao en los supermercados–

–Deja que te cases.

–No seas mamao. Avanza y dime, que tengo que guardar lo de la nevera–

–(Suspiro.) Tengo que contarte algo.

–Esto es pa’ largo.

(Con la pacieeeenciaaaaaa de Job, Pepe guarda la leche, la mantequilla, los quesos y el yogur en la nevera. Entonces, se quita los zapatos y se acomoda en la silla, dispuesto a escuchar.)

–Zumba.

–Tengo que decirle a Mama que me gustan las mujeres.

–Pe-pe-pe-pérate, pérate, pérate, espérate. No me jodas con esa vaina ahora, que–

–Es en serio. (Otro suspiro.) Mira, anoche salí con Carol, fuimos al cine a ver la película de los marcianos.

–Del marciano; es uno solo. ¿Y tu marido dónde estaba?

–Ay bendito. Tú sabes que los médicos son esclavos.

–Pobrecito yo, mira la casucha en que vivo–

–Cállate y escúchame. Me fui con Carol, comimos alguito, llegamos al cine y hablamos, hablamos, hablamos–

–Esa cabrona tiene una hermana muda. ¿Y qué pasó?

–Vimos la película; estuvo buenísima. Matt Damon es dios–

¡Daleeeee!

–Ay nene, cálmate. Pues nada, la llevé a su casa, me invitó a subir y a tomarnos alguito y entonces–

(Manolo guarda silencio –no sabemos si es una pausa dramática o si de pronto se ha acordado de echarle agua a las plantas.)

–¿Estás ahí?

–Sí. Es que… Todavía me afecto. (Enfático.) Te lo juro, Pepito: yo nunca pensé que ella, mi mejor amiga, se iba a poner con esas cosas– (Pausa y exhala con fuerza.) Empezó a decirme que se sentía muy sola, que siempre había querido tener a alguien como yo, un amigo que la entendiera y la hiciera reír… ¡La muy perra estaba ajumá!

–¿Y cuánto habían bebido?

–¡Dos copas! Yo creo que se había tomao la Klono o estaba en esos días–

–Carajo, Manuel, tú sabes mucho más que eso. No digas burradas–

–La cosa es que de momento me empezó a toquetear y, pues, me dio un beso–

(Pausa. Pepe se incorpora en la butaca, estupefacto.)

–Espérate, espérate. Tú me estás diciendo a mí que Carol… te dio… un beso.

–¡UN BESO BESO! ¡Con pepinillo, mostaza, mayonesa y ketchup!

–Puuu. Ñales. ¿Y tú qué hiciste?

–La empujé pa’l lao y me levanté del sofá. Le dije, “Mira, mamita, sé que yo soy un hombre guapo y que vivo bien–”

Humilllde el muchachito–

–¡No seas estúpido! Nada, le dije que no, que eso no iba conmigo, que yo soy un hombre casado–

–No es la mejor manera de rechazar a una mujer pero ya qué diablos. ¿Y por qué se lo tienes que decir a doña Celita?

–Pues porque– (Pausa, suspira profundo.) Ay Dioj…  ¡Es que me gustó!

(Ahora es Pepe quien hace la pausa dramática: con toda probabilidad sería mucho mejor guardar la compra.)

–¿Es en serio?

–Mmjmm.

–Y se lo dijiste a Luis.

–¡Nooooooo! ¿Tú estás loco?

–Loco me estás volviendo tú a mí, maricón. ¿Por qué coño no se lo dices a tu marido pero le quieres dar ese mal rato a doña Celita?

–Tú sabes que ni ella ni Papa tuvieron rollo cuando Luis y yo nos empatamos, y se gozaron nuestra boda como la de Mariloli y Fernan… Pero es que ella, la pobre…  (Se le quiebra la voz.) Ella ha rezao tanto por eso–

–Manolo.

–Además, hoy es día de salir del clóset–

(Pepe –o sea Yours Truly– termina la llamada con un gesto furioso. Se levanta de la silla con el mejor ánimo de hacerle las vacaciones a Satanás. Empieza a sacar potes, cajas y frascos de las bolsas de compra con evidente furia. Entonces, vuelve a sonar la música de Sex and the City. Pepe titubea, mirando el celular. Al final, frunciendo la boca, lo agarra de mala manera y toma la llamada. Su saludo es un profundísimo suspiro.)

–¿Estás encojonao?

–No estoy encojonao.

–Pues dime. Dime algo–

–Manolo: el día de salirse del clóset fue ayer.

–¿Ayer?

–Sí. Ayer. Hoy es día del descubrimiento.

— (Con una risilla nerviosa.) Ay carajo, qué bruta. Bueno, pues…  Aunque fue ayeeeer, puedo decirle a Mamaaaa que hooooy descubríiii que me gustaaaaan las mujereeeee–

¡CLIC!

(Pepe –o sea, Yours Truly– termina la llamada. Mira alrededor, sin prostituta idea de cuál es su próximo paso. La música de Sex and the City suena otra vez, con insistencia. Pepe mira la compra: saca un paquete de manzanas de una bolsa, se la pone en la cabeza, se la amarra del pescuezo y ríe. Con muchas ganas. A carcajada limpia.)

5 Comments

  1. Querida Carmen Miranda, o sea, Yours truly, recuerda que todos los días se tira uno a la calle y ese dia fue Manolo. 😊

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