#VidaComplicada

¿Por qué la vida tiene que ser tan complicada?

Contrariada, frente al pequeñísimo mostrador que el banco le proveía para realizar su (aparentemente) breve trámite, la Doñita Bien Peinada lanzó su retórica pregunta al universo. Su tribulación quedó suspendida en el aire acondicionado del centro comercial, como una nube tristona de esas que amenazan pero no caen ni a tiros, mientras tanteaba sobre papeles, sobres y tereques varios amontonados junto a su gran carterón que reducía al uno por ciento el ya diminuto espacio, buscando un bolígrafo para rellenar la hoja de depósito.

La miré y me reí –no de ella ni de su percance, sino de su pregunta. Por supuesto, ella ni sospechaba todo lo que, el dia antes, había ocurrido cuando decidí aprovechar mi hora de almuerzo para hacer un trámite bancario que, bajo condiciones normales, me tomaría menos de cinco minutos.

“Mire, señora”, le habría dicho ayudándole a organizar los papelitos amontonados junto a su cartera gigantesca, “quédese tranquila. Ya verá que todo se resuelve.” Por supuesto, La Peinadísima me habría traspasado con el inmisericorde láser de su mirada. En premio a su inquisitivo gesto, le habría soltado mi ristra de preguntas serias.

A ver si me explico:

¿Por qué cuando llegas al estacionamiento del banco con el tiempo contao, encuentras un parking disponible justo a la medida de tu carro, pones la señal y, como el carruaje de fuego de Elías, baja del cielo otro carro que bloquea el espacio?

¿Por qué el/la parkingjacker –hombre o mujer, da igual–, se hace la bruta/ciega/sordomuda/torpe/traste/testaruda cuando le haces señas y se pone a pendejear con el celular, ignorándote como si fueras transparente?

¿Por qué cuando, finalmente, te estacionas, el guardia te grita, “mere primo, ahí no se puede“, le señalas a/l/la parkingjacker que te impide ubicarte en el sitio que sí se puede y, justo en ese momento, a/l/la muy desgracia/o le da con recuperar la civilidad, libera el espacio y ahí mismito se mete oooootro carro que llegó después de ti?

¿Por qué, cuando te has asegurao veinte veces que tienes todo lo necesario, entras al banco, te das cuenta que dejaste el bolígrafo en el asiento y, cuando quieres usar uno de los que hay amarraos en el mostrador, los muy cabrones nunca tienen tinta?

¿Por qué los nenes y las nenas que acompañan a los papás y a las mamás a hacer trámites en el banco siempre agarran la última hoja de depósito para cheques?

¿Por qué los nenes y las nenas que van al banco con los papás y las mamás no se quedan atrapados en el pasillito de la doble puerta, exquisitamente blindados y a prueba de sonido?

¿Por qué, cuando finalmente entras a la fila y decides aprovechar el momento para repasar el ensayo que necesitas discutir en clase, detrás de ti se aposta la Madre Más Peleona de Latinoamérica –empujando un coche del tamaño de un Yaris– que lleva en su interior al Bebé Más Llorón de Toda La Existencia Humana?

¿Por qué las madres peleonas van al banco a hablar por el celular de todo lo que no te importa escuchar?

¿Por qué la persona que está frente a ti pasa donde la cajera y decide pagar hasta las deudas del purgatorio con billetes enrollaos y vellones perdidos en el fondo fondo foooondo de su mochila/cartera/bolsa de supermercado?

¿Por qué, cuando por fin te atienden, el sistema se tranca y las Amables Empleadas deciden jugar al pasemisín de terminal en terminal a ver por dónde es que se puede terminar la transacción?

¿Por qué, cuando solo te quedan veintidós minutos exactos para regresar, todos los semáforos se ponen de acuerdo para enrojecer?

¿Por qué cuando, al fin llegas para comerte algo y seguir la jornada, cae de paracaídas el/la inventor/a de #LaPerse buscando a “una persona de autoridad” que le ayude a resolver “una situación”?

¿Por qué, después de escuchar por veintiséis minutos exactos los pormenores de #LaPerse, un/a compañero/a bien intencionado/a te saluda con cara preocupada: “Oye, tú como que no te ves bien”, estornuda y te cuenta que le está empezando la monga?

¿Por qué, cuando te das cuenta que ahora eres tú el de #LaPerse, quieres ir a lavarte las manos antes de que la Madre Germen de los Mocos decida multiplicarse en ti y te topas con Leeeento Rodrígueeeez –el Empleado de Mantenimiento Más Pastoso del Siglo XXI– limpiaaaaaaando el lavamaaaaaanoooos con toooooda su caaaaalllllmmmmaaaa?

¿Por qué nadie puede entiender que tengo hambre y me estoy meando?

¿Por qué no puedo gritar, con todo el aire de mis atribulados pulmones:

“CARAJOOOOO, ¿POR QUÉ NO ME QUEDÉ EN CASAAAAAAA?”?

Mi estimada doña Señora del Banco: habría querido decirle que, entre los bucles de su perfecto teasing, se escondía ese bolígrafo majadero que tanto buscaba.

Usted tiene razón: la vida es complicada. Ayer me tocó a mí. Hoy, con gesto noble de buen caballero, le cedo el turno.

4 Comments

  1. Me encanto ! ️Como siempre, con tu muy
    “Tuyo” sentido del humor . Muchas veces he ️vivido esto que aqui describes …Sigue hacia adelante en tus proyectos ! Sigue haciendonos reir a todos los que tenemos ️el placer ️de conocerte .. Y a los que no , ️tambien los matas ️️con tus loqueras 😀!

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