#HaciaHastaPara

He aquí la pregunta con la que ella, después de no verme por tanto tiempo, me espetó:

“¿Tú sabes la diferencia entre churra y diarrea?”

La miré sin creer lo que acababa de escuchar. Era demasiado temprano como para debatir sobre filosofías tan profundas. Sin embargo, no tuve el valor de descartar su pregunta: era genunina su preocupación y, por supuesto, aguardaba una respuesta. Para escocotar rotundamente mi conciencia, me zumbó con una de sus armas poderosas: el santo marido –ese distiguido hombre de bien que no rompe un plato, me consta. Sin embargo, ella lo quería tirar al medio en un vicioso ataque, solo por haber dudado de su inteligencia. Por supuesto, como amigo fiel, debía respaldarla en su desdicha.

Hice buche con las palabras hasta que se conectaron con mi cerebro. Entonces, abrí mi bocota.

“Bueno”, dije exhalando un profundo suspiro de hombre sabio. “La churra, por lo general tiene más consistencia y la diarrea es… agua“.

¿Agua? Yo no sé si fue la sola mención de #LaEntrañableAguaDelChorro, pero a aquella mujer que tanto quiero se le espantaron los ojos como vaca que va pa’l risco. Con sinceridad admito que no sé cuál fue su reacción inmediata: si me espetó uno de sus acostumbrados, “¡¿PERO CÓMO VA A SER?!” o alguna otra barbaridad. Lo cierto es que aquella definición que su marido le había compartido ya no era exclusiva. En lugares distintos de la isla nos criamos, absoluta e indudablemente separados, y respondíamos a la pregunta de igual manera… Y eso no se come fácil.

Ahí fue cuando me dijo que no sé quién que le dijo no sé qué que le confirmó no sé cuándo que había leído en no sé dónde. Me aseguró que ambas palabras significaban lo mismo… Y yo, emperrao. “Pues no”, insistí. “Una tiene más…” Hice un gesto muy preciso, como si catara una muestra de cada espécimen. “Y la otra–”

Los ojos se le descoñetaron aún más de las órbitas. Sacó su manita y, con tres de sus encantadores dedos, me apuntó con indudable convicción. “Escoge una preposición: hacia, hasta o para”. Yo, incauto, repondí, “hacia”.

“Pues vete hacia el carajo”, ripostó. Es que caigo como un soberano, coño: me merezco las tres preposiciones.

6 Comments

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s